¿Eres un “ninguno”?

La rebelión de los “ningunos”, por Germán Martínez Cázares.

“Ninguno” es aquella persona que está harta de escuchar a los políticos, a todos, decir lo mismo, proponer lo mismo, posar igual. Un “ninguno” tiene la profunda convicción de no votar en las elecciones por venir. Ninguno de los candidatos presentados por los partidos políticos le emociona, ninguno le genera una esperanza, ninguno le llama. En ninguno confían. Son ciudadanos que prefieren refugiarse en la apatía, al advertir la ola de simulación o el cínico enlodamiento de correligionarios volcado contra ellos. Ser un “ninguno” es refugiarse de precandidatos incoloros e insípidos avergonzados de sus credos. El “ninguno” también es aquel ciudadano que se aleja de los insultos. Ser un “ninguno” es despreciar a los políticos que disfrazan con marketing la ausencia de propuesta o despilfarran el dinero, sin ofrecer un rumbo cierto y verificable, una propuesta creíble.

Los “ningunos” no ven diferencias entre los políticos. No distinguen. Sólo miran un tropel de búfalos, todos idénticos, en su televisión, o escuchan un ruido como un gallinero alborotado en la radio. Todo es acusación mutua y una promesa monótonamente similar. Todos dicen, con matices insustanciales, lo que todos quieren oír. Poco importa si la promesa es múltiple y contradictoria. A los empresarios les dicen que fomentarán la competitividad; a los trabajadores les prometen que se mejorará el sueldo; a los campesinos que se cuidará el campo. Al cliente lo que pida. Ese es el método más efectivo para incrementar a los “ningunos”: que el político que aspire a gobernar baile el son que toca cada auditorio. Al poco tiempo ese político-veleta saldrá tropezando con su propia lengua bífida. Sin rumbo no hay destino. Los ciudadanos “ningunos” no estarán dispuestos, ni en 2006 ni en ningún año, a subir a un barco donde el capitán no sabe a qué puerto llegar.

Sin embargo, hay otro camino para aumentar el número de los “ningunos” con singular eficacia: la acusación recíproca de corrupción entre miembros de un mismo partido. El atascadero priista exhibido en esta semana será sin duda una fuente de donde broten, con razón, miles de “ningunos”. Un ciudadano sensato que vea a Madrazo en un noticiario dar lecciones de honestidad tiene que apagar la televisión. Tiene que fugarse Madrazo le exige ahora a Montiel explicaciones sobre el origen de millones de pesos; cuando ayer Madrazo no explicó el origen de millones de dólares gastados en su contienda por la gubernatura de Tabasco. Ante ese espectáculo de dinero el ciudadano prefiere la ausencia, el desdén, el razonado y entendible valemadrismo que tienen los “ningunos”.

José Saramago ya les dio vida a estos personajes, agnósticos de la política, en una de sus últimas novelas ‘Ensayo sobre la lucidez’, donde los “ningunos” de manera activa repudian una democracia degenerada por los vicios de sus políticos y el día de la elección acuden a la casilla a depositar su voto en blanco Los expertos en el análisis de las encuestas y en medir la intención de los votantes afirman que los “ningunos” hoy son más de un tercio de los ciudadanos en posibilidad de sufragar; es decir, son más de 22 millones de mexicanos hastiados por la indefinición y la molicie de muchos actores políticos, decepcionados al ver surgir uno y otro desfalco al erario desde el gobierno. Muchos de los “ningunos” son jóvenes sin motivaciones y otros simplemente ciudadanos decepcionados por lo que consideran magros resultados de sus gobernantes.

El fenómeno de los “ningunos” no es la abstención “normal” de una elección Incluso la abstención electoral podría entenderse como satisfacción del ciudadano con el curso de la vida pública que juzga aceptable. En cambio, no querer votar por nadie, porque no se está atento de nadie, es una actitud política digna de un cuidadoso análisis La democracia sólo se consolida en la participación activa de la sociedad, en el compromiso permanente con la comunidad, es decir, en la generación de confianza entre los gobernantes y los gobernados. Un “ninguno” es un ciudadano desconfiado Y no sólo la corrupción genera desencanto ciudadano, también los políticos que no creen en nada y se comprometen con nadie empujan a muchas personas a esa desilusión social. Los políticos que se esfuerzan por “representar a todos” acaban estimulando a ninguno. O mejor dicho, los “ningunos” no creen esa omnipresencia. Todos esos políticos débiles de convicciones se montan en cualquier interés. Y las elecciones sin ideas, sin definiciones claras, en unas palabras: las elecciones sin opción acaban empantanadas en el fango del dinero, como lo demuestra con claridad meridiana la precampaña por la candidatura presidencial en el PRI ¿Cuál es la diferencia que presentan Arturo Montiel y Roberto Madrazo?

Esos ciudadanos indiferentes a la política son la prueba rotunda de la necesidad de recrear en cada candidato, en cada político, a las distintas parcialidades que componen la pluralidad que tiene el país. Simular que todos los mexicanos somos iguales, pensamos lo mismo o deseamos semejante es alfombrar el camino a los ciudadanos para que se conviertan en “ningunos”. Un “ninguno” se estima a sí mismo diferente, por eso no participa en política. En cambio, el candidato que logre atrapar a los “ningunos” con un discurso sólido, claro, definido anclado en principios y valores, obtendrá la victoria electoral. El candidato que alcance a rebelar a los “ningunos” y encausarlos, es decir, darles una “causa” será sin duda presidente de México. Hasta hoy eso no lo ha logrado nadie, por más que el candidato perredista crea que él enarbola la alternativa de acción esperada por todos. La rebelión de los “ningunos” está por empezar. Su potencial es enorme, sus razones, argumentos y sentimientos para apartarse de la política deben ser escuchados y atendidos. Caer en la tentación de mandar a esos “ningunos” a la hoguera, condenándolos por su “falta de compromiso” con el país es una ruta fácil. Revisar la causa profunda de ese abandono político y darle respuesta, y rumbo con razón, conducirá a consolidar la democracia mexicana y a comprometer a ese ciudadano en la conducción política de su país. Los “ningunos” dejarán de ser “ningunos” y abandonarán su desgano cuando encuentren un político estable y seguro de su fe. De su fe política, claro…

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